Puta-nieves y el príncipe
Érase una vez Puta-nieves,
Puta-nieves, vivía en una cabaña en el bosque donde su malvada madrastra la había intentado asesinar con somníferos unos años antes. Le hizo un postre de manzana y se lo sirvió. Tenía un sabor un poco raro, pero como la mujer no tenía mucha idea de cocina, no le dio importancia. Después de comérselo, pobre Puta-nieves cayó redonda al suelo presa de las pastillas para dormir en estado comatoso.
El padre de Puta-nieves, Barnie Cuesta, estaba borracho en el bar, para no variar. Era un vago y un borracho. Cuando murió la madre de Puta-nieves se tiró al barro de lleno, dejándola sola con la casa y la vida. No contento con eso, se había vuelto a casar con Malévola, porque creía tenía dinero para mantenerlos además de que pensó que esta mujer sería una buena figura materna, pero se equivocó. El juicio de un borracho no es el mejor...
Volviendo al intento de asesinato, Malévola, convencida de haber matado a Puta-nieves, abrió la puerta de la cabaña para sacar el cadáver y deshacerse de él en donde no oliera, ni fuera a levantar sospecha, antes de que fuera a volver el borracho dando tumbos. Una vez volviera este, solo tenía que empujarlo por las escaleras para acabar con él, y ¡zas! la casa sería suya. No tenía otro bien, ni dinero, pero por lo menos, tendría un techo bajo el que vivir hasta que encontrara a otro pardillo. La cogió de los pies pero con lo que no había contado es que ella de a penas 1,60 de estatura y unos 55 kilos iba a tener que arrastrar el cadáver de Puta-nieves que mide 1.75m y pesa como más de 80 kilos. Empezó a arrastrarla, se cayó al suelo al menos 3 veces. Se le llego a escapar el pis y a mojarse los pantalones, pero ni se los cambió porque aún no había acabado y se iba a volver a mear. Unos quince minutos después de que Puta-nieves hubiera caído al suelo pudo llegar a la puerta.
Prince-Boy, el vecino de la cabaña aledaña, venía a ver a Puta-nieves como cada día. Era un sátiro, un depravado que no tenía muchas luces, se iba de putas al burdel del pueblo que estaba al otro lado del río. Era un salido, obsesionado con Puta-Nieves, que a veces se ponía con su coche en mitad de cualquier camino y se masturbaba fantaseando con ella, con su madrastra o mirando a las parejas en el descampado de turno. Más de una vez lo había perseguido algún novio enfurecido, o mujer iracunda palo en mano... Una paliza y a correr. Puta-nieves lo tenía que echar más de dos veces cuando se ponía en la ventana a mirar mientras se masturbaba. Estaba harta de él, pero su padre no le permitía poner la denúncia.
"¡Déjalo, que el probe es retrasao!"
No era retrasado, ni tenía ninguna deficiencia, era un asqueroso.
La cosa es, que Prince vio asomar un trasero enorme por el quicio de la puerta de entrada y aceleró el paso hacia la casa, pensando que era Puta-nieves. Malévola se había puesto el culo grande, más a la moda, con lo que de lejos se podía confundir, si solo le veías el trasero. Todo, a costa de un préstamo de cofidis firmado por teléfono, que pidió el borracho de Barnie. Al llegar en frente de la puerta se encontró a Malévola arrastrando a Puta-nieves:
- ¿Qué pasa?¿Qué ha pasao?- Gritó Prince asustado ante la imagen.
Malévola se asustó y se volvió a caer.
Prince notó un leve olor a orín.
Malévola, no sabía qué hacer, la había pillado aquel idiota, y ahora no sabía cómo iba a poder salir del entuerto. Su cabeza pensó rápido:
- ¡Ay! ¡Vecino! Se me cayó la niña. La llevaba al coche, y no puedo con ella.
- ¿Cómo pasó? - Decía mientras se agachaba a intentar ayudarla.
Como no era muy listo, no se sabe si tenía alguna deficiencia o qué, no preguntó si había llamado a una ambulancia. Además, su cerebro en cuanto vio el culo en pompa de Malévola, se nubló. Se le puso morcillona, la sangre le bajó hacia abajo y no daba más de sí.
"¡Mierda! Si llamo a una ambulancia estoy perdida. Se darán cuenta de que está muerta y se la llevarán, con lo que me pillarán. Por una méndiga cabaña no vale la pena"
- Estaba comiendo la chiquilla un postre. No sé ca' pasao. Estará mal o algo, .. no sé - iba balbuceando mientras intentaba urdir un plan. - La ambulancia tarda mucho, hi'o. Vamo a llevarla nosotros, si podemo con er coshe.
Dejó a Prince solo con el cuerpo de Puta-nieves, indefenso y corrió dentro para ganar tiempo y pensar qué podía hacer.
Prince, no pensaba nada salvo que tenía allí un cuerpo femenino, inconsciente, indefenso, recordaba el culo de Malévola, y miraba los pechos de Puta-nieves, tan grandes allí esparcidos, accesibles, sueltos. Le cogió un pecho, era enorme y se le salía de la mano. Se empalmó más aún. La madrastra aún no volvía, y se sacó el pene dispuesto a violar a Puta-nieves.
"Total, no se va a enterar y yo me lo voy a pasar bien."
Malévola volvió palo y cuchillo en mano, iba a cargarse al idiota. Total, qué más daba dos, o uno, con dos podía incluso urdir un plan mejor. En cambio encontró a aquel cerdo penetrando el cadáver de Puta-nieves. Se paró un momento a esperar que no hubiera vuelta atrás. El tío gimoteaba sobre el cuerpo inerte de Puta-Nieves, entonces Malévola gritó:
- ¡¿Qué haces, pervertío?!-
"¡Mejor! La oportunidad la pintan calva. Ahora lo echaré, y si dice algo a alguien cuando desaparezca le echaré la culpa. Eso si no tengo la excusa para que lo metan a él en la cárcel"
- ¡No, no.. yo no.. ! ¡No me pegués! - horrorizado, pensaba que iba a morir. Malévola le había empezado a pegar.
Intentó darle en la cabeza, pero el condenado no se dejaba. Paró, dejó de pegarle.
- Ahora me vas a ayudar o te voy a matar.
Palo y cuchillo en mano, obligó a Prince a poner a Puta-nieves en el coche, conducir, que no sabía, pero aprendió, hacia un claro que había en mitad de la nada. Saliendo del pueblo, unos kilómetros a través de un camino de tierra por el que no pasaba mucha gente. Prince, sudando, tuvo que sacar el cuerpo del coche, llevarlo cerca de los matorrales donde hubiera maleza para que no pudieran encontrarlo.
Las bragas de Puta-nieves se quedaron enganchadas en el maletero del coche de la madrastra sin que nadie se diera cuenta.
Al menos el cuerpo semidesnudo, estaba a la sombra en un lugar rodeado de basura diversa, había condones, bragas, algún envoltorio de plástico, pero a salvo del sol de justícia que hacía en aquel descampado que no era más que otro picadero.
- ¡Ahora te va' a ir corriendo de aquí. Te vas a callar la boca, y si preguntan, tu no ha' visto a Puta-nieves, ni has estao en la casa en tol' día. Si no te mataré!¿Lo ha entendío?
- Sí ,, si... - mientras corría y corría por el descampado, sudando y muerto de miedo.
La madrastra pensó:
"Cuando pase un día o dó, iré a la policía. Les explicaré que la niña no aparece, y cuando la encuentren muerta, con el adn ese, del sudor por el cuerpo y eso pensarán que l'ha matao el idiota este.
Todo cuadra. Todo va a mi favor. "
Por la noche el padre de Puta-nieves llegó borracho, dando tumbos a la casa
Puta-Nieves, no estaba muerta, recordemos.
Puta-Nieves estaba en el descampado, a la intemperie, al amparo de la sombra de las zarzas, sin bragas, profundamente dormida. Fueron pasando las horas, cayó la noche, y como en todo buen picadero-descampado apareció un coche o dos con amantes en busca de privacidad. La temperatura bajó un poco y los coches abrieron sus ventanas para ventilarse, se empezaron a escuchar sonidos guturales y algún gemido. Uno de los dos coches hasta se movía. Al cabo de poco rato, uno de los chicos del coche que llegó más pronto, salió en pelotas del coche a tirar el condón y mear. Se acercó a las zarzas.
- ¡Coño! Una tía! - Se le cortó el chorro. Se sorprendió y dio un salto cayéndose de culo a la tierra.
Se levantó tropezando, asustado, mientras corría de nuevo dentro del coche. Cerró la puerta asustado. No sabía qué hacer y mil cosas pasaban por su cabeza.
- Hay una tía ahí tirada, en las zarzas, está muerta o algo... ¡Vámonos! - dijo aún sin vestir.
- ¿Qué dices? ¡¿Pero seguro que está muerta? Si no está muerta no podemos dejarla ahí..- dijo su chica sorprendida.
- No.. no sé, no me he acercado mucho. ¡Iba a mear!¿Y si el que la ha matado está aún por aquí? Vámonos, a toda leche que aún nos va a pasar algo a nosotros. No sabemos qué hace ahí, porqué la han dejado o quién... - Discutía el chico muerto de miedo.
- No, podemos dejarla ahí. ¿Si no está muerta qué?
- ¡Ostia, María! ¡No quiero salir! ¡Hace frío, nos van a hacer algo!- Gritaba desesperado porque se debatía entre hacer algo o no hacerlo. La conciencia le decía que sí, el miedo que no. - ¡Aaaaaa!
El chico gritaba, y María no sabía qué hacer. No veía que pudiera convencerlo, y estaba enfadado y asustado. Cuando ella iba a decir algo él dijo:
- Nos vamos. Cuando estemos a un kilómetro llama a la policía con el móvil, pero llama en oculto, y les dices.
- ¿No te vistes? - Es lo único que le preguntó ella.
- Cuando estemos lejos, yo me pongo la ropa y tú llamas. Siendo una chica, no pensarán nada raro y te harán más caso. - Estaba muerto de miedo e impresionado.
Cogieron el camino a casa y cuando habían recorrido unos 500 metros se pararon en un desvío. Mientras él se vestía al menos de cintura para arriba, para que no le parara la policía, ella sacó el teléfono marcó en oculto y llamó:
- Policía, buenas noches.
- Hay una chica, muerta... Creo. No estoy segura.
- ¿Cómo? ¿Cómo que muerta, señora? Explíquese... ¿Dónde? - La policía estaba entre incrédula y sorprendida. Era un pueblo pequeño y no había servicios complicados, por regla general. Algún hurto, borracho, ...
- En el descampado de las zarzas, cerca de las zarzas. Yo no la he tocado. No se movía. Está allí tirada.
- ¿Cuándo la ha visto?¿Cómo la ha visto? .. - siguió intentando preguntar.
Al otro lado María se asustó.
- ... piiii pii pi - se cortó la llamada
Rigoberta la policía no sabía definir si esa había sido o no una llamada de broma, por regla general, las bromas tienen ruido de fondo, risas, borrachos, otras voces. No se oía nada.
Se quedó pensando un momento, y le preguntó al compañero.
- Habrá sido algún crío aburrido o algún chalado que tendrá ganas de ver correr a las parejas del descampado. No te preocupes.- No le quería dar importancia.
- ¿Perdemos algo con que se pasee la patrulla por allí un momento? - preguntó Rigoberta.
- Tú misma, si quieres dar el aviso, pero se cabrearán por tener que ir allí tan lejos y vendrán fastidiados. Es la hora del café en la gasolinera. - les daban el café solo gratis para espantar a los ladrones.
Rigoberta, tardó un rato en decidirse, por un lado estaba la posibilidad de que fuera una broma, del cabreo de los otros; por otro la posibilidad de que eso no fuera mentira y que hubiera pasado algo... La conciencia, divina conciencia humana, pudo más.
- Alfa, Papa, Bravo 859, nos han pasado un aviso de un "posible cadaver" en el descampado de las zarzas. ¿Podrían pasarse a comprobar?
- Centralita, ¿Seguro? ¿No será ninguna broma? -
Los policías del turno de noche, a punto de entrar a por su café fastidiados porque se les iba a retrasar.
- Seguro, seguro, no, pero no parecía que fuera mentira. No se han identificado, ir por si acaso.
- Está bien, recibido.
Los dos polis no daban crédito a tener que ir allí a espantar a parejas.
No les apetecía.
Presuponiendo que no era más que algún aburrido dando por saco, primero entraron a la gasolinera a por su cafecito. Tranquilamente, el dependiente les sirvió el café aliviado de verlos por allí otra vez, con más tranquilidad aún se lo tomaron ellos. Terminaron y se pusieron en marcha al descampado, no tardaban más de 10 o 15 minutos en llegar, lo más probable que nada más ver las luces más de un coche saliera de allí como loco. No se iban a inmutar, ni a molestarse en perseguir a 4 salidos pajeándose o a parejas que estaban follando.
Al llegar al descampado con las luces largas no vieron más que un coche al fondo de todo, cosa rara por la hora y el día de la semana. Deberían de haber más. Aquel sitio tenía una happy hour los jueves por la noche.
¿Cómo lo sabían los polis....?
Pasaron con el coche cerca del otro coche empañado, pero ni se inmutaron, no se movió. Despacio se acercaron a los zarzales poniendo las luces en dirección a ellos, para ver mejor, pero de noche y de lejos, se veía algo, que allí podía ser cualquier cosa, habían deshechos por el suelo, alguna vez habían visto ropa tirada...
- ¿Bueno, bajamos? - preguntó uno de los polis al otro, fastidiado.
- Bffff .... - resopló el otro que andaba resfriado.
- Vale, bajo y miro y vengo. - con el resoplido bastó.
Salió del coche, fue hacia algo que se veía sin definir a lo lejos, se acercó.
- ¡Paco! ¡¡Paco!! Aquí hay una chica, llama a la centralita!!! - hasta el poli se asustó, recordemos que no habían visto un muerto en su vida.
El otro poli bajó del coche antes de llamar.
- ¿Está viva? ¿Qué pasa? Dime qué hay qué ...? - Balbuceaba.
El poli 1, se acercó a Puta-nieves, le tocó el cuello para comprobar si respiraba, y parecía que sí.
- Respira! Paco, que venga una ambulancia! - gritó.
Paco dio el aviso, llamaron a los mossos y a una ambulancia, eso excedía de lo que podía abarcar un solo coche en un pueblo tan pequeño.
El coche que estaba empañado un poco más lejos, intentó salir del descampado cuando estaban llegando los mossos, con lo que se paró en seco. Los mossos lo bloquearon, se bajaron y se dirigieron hacia él.
Los ocupantes, bajaron las ventanillas y hablaron con ellos. Una vez los mossos tuvieron la certeza de que estaban más o menos controlados, uno se fue hacia el coche de policía local.
La ambulancia llegó a los dos minutos, pero hubo que esperar a que acordonaran, y llegaran la policía científica desde Terrassa.
Tardaron lo suyo en llegar, en hacer su trabajo, aquello estaba lleno de restos de "sucesos" nocturnos.
- Paco, en mi vida. En mi vida aquí no había visto algo así... ¿Quién...? Es la chiquilla del borracho del bar. Mala vida le da ese tipo, ¿Habrá sido capaz...?
- No sé, Migué. Es to mu raro. Los mossos que se encarguen, nosotros si nos dicen vamo' a hablarle pero no sé.
Los dos policías habían comentado con los mossos cómo habían encontrado el cuerpo, quien era la chica, y más o menos la vida que tenía en el pueblo, quienes la rodeaban... Lo que sabían para que empezaran a averiguar.
Aquella mañana, Barnie estaba acostado durmiendo la mona, Malévola desayunaba en la cocina un café mientras maquinaba lo que diría a la policía cuando fuera a denunciar la desaparición de Puta-nieves.
Picaron a la puerta, y Malévola fue a abrir. Por la mirilla vio que eran los mossos d'esquadra, dos tios muy altos, con el uniforme bien planchado, serios.
"¡Madre mía! ¿Habrá sio er gilipolla' ese que me habrá denunciao? No sé si la habran podío encontrá... es pronto todavía"
Malévola no sabía qué pensar, el miedo la invadió. No sabía qué iba a poder hacer.
Volvieron a picar al timbre.
- Bueno día!
- Bon dia, els pares o tutors de Putanieves?
- El padre está durmiendo, no se encuentra bien - Dormía la borrachera aún.
- Yo soy su mujé, no soy la madre de la niña, pero dígame.
- Tendríamos que hablar con su padre. - decía el mosso mientras miraba al otro mosso.
- Un momento, que lo llamo.
Malévola, no sabía qué pasaba, tenía que pensar qué iba a hacer o decir, pero aún no tenía suficiente información como para urdir el plan. Le echaría la culpa a Prince, seguro.
Fue al dormitorio a despertar al borracho que no se quería levantar. Sin embargo cuando oyó la palabra mossos, saltó de la cama y bajó en calzoncillos. Tremenda imagen la que tuvieron que presenciar los mossos con ese hombre en ropa interior, con esa barriga, los calzoncillos ligeramente sucios, el aliento de resaca...
- Soy el padre.
- Su hija a aparecido en un descampado en coma. ¿Desde cuándo no la ve?
- ¿Cómo? La niña está aquí, ayer estaba aquí contigo... - Miró a Malévola.
Malévola tuvo que inventar sobre la marcha, estaba asustada, muy asustada.
- Salí después de comé. Me fui con el coshe a comprá un postre, y cuando vorví no estaba. Luego me acosté, y aún no estaba aquí... Yo pensé que se había ío con ese novio suyo Prince.
Empezó a hilar su mentira mientras hablaba, implicando a Prince, al que había prohibido decir que había visto a Puta-nieves, de lo cual no se acordó.
- ¿Pasó algo raro ayer?¿Recuerda a qué hora fue a comprar? .... - los mossos empezaron a preguntar a Malévola.
El padre de Malévola, se sentó, presa de la tristeza. Era un borracho, pero no le haría daño a su hija, ni a nadie, era un borracho depresivo y maloliente, pero la quería. Su cabeza embotada por la resaca no adivinaba a entender qué estaba pasando, parecía una pesadilla. Se pasaba la mano por la cabeza, aturdido e incrédulo.
- Estaba aquí. Estaba comiendo. Le gusta mucho comé. - Empezó a hablar de repente. - Contenta comiendo, yo me fuí ar bá, como siempre. Me dijo que no fuera, pero me fui ar bá...
- Bien, tendrán que venir a comisaría para que les tomemos declaración. Su hija está en el hospital.
Malévola, seguía pensando como iba a hacer para inculpar a Prince. Tenían un largo camino hasta la comisaría de los mossos y podría pensar.
- Vamo en mi coshe, está ahí en la puerta. Señaló el twingo con más de 30 años.
Los mossos se giraron y miraron el coche.
El padre de Puta-nieves se fue a ponerse algo de ropa, mientras la madrastra esperaba. Los mossos fueron hacia el coche, que estaba aparcado detrás del del twingo de Malévola. En el camino hacia él, uno le dijo al otro:
- T'has fixat que pengen unes calces del maleter, d'aquell cotxe? Al costat dret
- Sí que m'he fixat. Ara les treure'm, amb compte. Això pot ser important, la noia pot ser va ser agredida sexualment - estaban extrañados.
Con cuidado los dos mossos se pusieron en la parte delantera del coche de policía, sutilmente sacaron las bragas que estaban ligeramente enganchadas al maletero, con un boli. Les costó un poco pero salieron, y al montarse dentro del coche las pusieron en una bolsa.
Barnie y Malévola los seguían en el twingo a duras penas, el coche no podía con su alma.
Los dos policías vigilaban que no "se perdieran" mientras iba a la comisaría a declarar.
Barnie dijo lo poco que pudo recordar, lo poco que podía balbucear, delante del juez. No había estado nunca delante de un juez y tenía miedo, solo por estar allí. No entendía nada de lo que podía haber pasado.
Malévola soltó una larga declaración, detallada, minuciosa, tremendamente bien urdida, pero bastante tranquila, dada la situación.
"Nosotras nos quedamo comiendo. La niña estaba bien, y comía y comía. Le dije que no comiera tanto, pero no me hacía caso. Se puso enfadá. Barnie se fue al bar, estaba sano, como siempre. Está allí toa la tarde tos los días.
No quedaba nada de postre y la niña reclamaba, yo no tenía gana de fregá lo plato. Le dije que compraría argo si ella fregaba y se quedó allí. Me fui a la tienda, me crusé con el Prince, tos los días viene. Llegué a la tienda, pero no había na' que le fuera gustá, no compré na. Vorví a la casa. Ni los plato, ni la Puta-nieve, allí no había nadien. Me eshé en el sofá a mirá la tele, y me quedé dormía, hasta que no vino er Barnie borrasho. Se cayó y lo llevé a dormí, me acosté con él al lao a la onse de la noshe o má. No la vi, no sé na más hasta esta mañana cuando han picao los mosso"
- ¿A qué hora se fue a la tienda y a qué tienda fue?- preguntaron los policías..
- A las 4 o la 4,30, despué de comé. No sería mas pronto. - Los polis escribían. El juez escuchaba.
- ¿Cuando se cruzó con Prince, le saludó? ¿Se lo cruzó andando o en el coche? ¿Iba normal?
- No, yo iba en el coshe ya, no lo vi bien. Lo vi que iba pa la casa, pero no le dije na, no me dio tiempo.
- ¿Vio a alguien más en el camino?
- No, no vi a naide, a esa hora no se ve a naide.
....
En el hospital, Puta-nieves estaba siendo sometida a un test de agresión sexual, y le estaban haciendo pruebas.
Los mossos tenían las bragas también le hacían pruebas.
Los mossos hablaron con Barnie.
- Yo... yo bebo. Estaba borrasho, no m'acuerdo de la hora... Me fui estaban comiendo, normá, como siempre. A la tré o asín. Me fuí ar bá de l'Esquineta, allí siempre estoy.
- ¿Toda la tarde, estuvo allí?
- Si.
- ¿Recuerda cómo volvió a casa?¿La hora?
- No sé, era por la noshe, estaba oscuro. Fui andando, como siempre, un rato se vino er Turé cormigo, hasta la esquina de su casa. Luego... llegue a la casa...
Balbuceaba, no recordaba bien, estaba bastante borracho y tendrían que hablar con los del bar para saber si estuvo allí, cuánto tiempo, etc.
En el hospital consiguieron que PN despertara poco a poco del estado comatoso en que se encontraba, y cogerle muestras. Dos mossas la interrogaron sobre lo que había pasado el día anterior.
- Yo ... estaba comiendo. Luego recuerdo que le decía a mi padre que no se fuera al bar ...- Intentaba recordar.
- ¿Había alguien más, había ido alguien más esa mañana a tu casa?
- No... no recuerdo a nadie más. No hablé con nadie.
- ¿Habías ido al descampado alguna vez?¿Con algún novio o algo?
- No
- ¿Te has peleado, o hay alguien que te haya incomodado por la calle .... algo raro?
- Prince, es .. bueno a veces está mirando por la ventana. A veces lo echan del descampado. Es retrasado ¿sabes? y se hace cosas allí...
- Entiendo.. - Las policías se miraron.
- ¿Vive muy lejos de tu casa ese chico? ¿A cuánto rato está?
- No sé... - tenía la cabeza embotada y le dolía.
Entró el médico y miró a PN, la examinó un momento y pidió a las policías que siguieran otro día, que no estaba en condiciones de continuar.
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