¡Quién tuviera la autoestima de un hombre mediocre!
Joseluis era un alegre divorciado que conocí tomando café cerca de un chiquipark de niños. Una de las crías que estaba jugando y gritando, tenía el pelo enmarañado, saltaba alrededor de su padre mientras estaban a punto de irse. Cuando pasaron andando a mi altura, de su coleta a medio deshacer se escurrió un coletero rosa y lila, la mar de encantador, el coletero que hubiera querido llevar de pequeña. - ¡Perdona! - Se dio la vuelta - Se le ha caído a tu niña. Le acerqué el coletero, la niña me miró con cara indifinible, mirada un tanto vacía. Era una niña morena, de pelo oscuro, ojos claros, vestida como a parches, pero muy mona. Pensé que me estaba odiando mientras Joseluí me sonreía. Creo que aquel gesto significó más para él que para mí, pero por lo menos me lo agradeció. - Gracias. Tiene el pelo tan fino! Yo no le sé coger bien la coleta - Se giró hacia la niña - Ana, dale las gracias a esta señora que nos ha dado el coletero de la Frozen. Ana, con car...