Aún recuerdo
Aún recuerdo cuando sufrí un aborto, aún me estaba haciendo a la idea de que me había quedado embarazada cuando sentí algo de dolor, como cuando te viene el periodo, fui al baño y allí apareció aquella mancha de sangre oscura en el papel. Era grande, oscura, y allí se fue todo... del papel, al agua del baño.
Sentí pánico, nervios, no sabía que hacer, y como solo lo sabía mi pareja le llamé asustada:
- Estoy sangrando y me duele, creo que estoy teniendo un aborto. Ven y vamos al médico. - casi no podía hablar.
- Estoy comiendo en casa de mi madre. Ya llegaré. - Pipipipi... - colgó.
Me quedé tumbada en el sofá, quieta, rezando para que no se hubiera deshecho. Rezando para que de alguna manera, aún hubiera una posibilidad de que se hubiera enganchado a la vida. Algo dentro de mi cabeza me decía que se había ido todo por el wc.
Esperé y esperé.
6 horas más tarde llegó Dani. Entró por la puerta y casi sin decir hola, marchó a la habitación a ponerse cómodo. No preguntó por su hijo, ni por mi, ni por nada... Iba con el teléfono en la mano.
Después de pasar aquellas 6 horas no se donde, y tras comprobar que tenía horas de permiso para poder acompañarme al médico, o Dios sabe qué porque no soltaba el teléfono, decidió que era buena idea que fuéramos a urgencias. Me llevó como un taxista, peor, los taxistas hablan.
Allí en la consulta, esperé con él al lado mientras miraba el teléfono sin parar. Yo miraba la pantalla donde salían los números para que me atendiera el ginecólogo. Esperaba mientras veía allí a otras chicas con barrigas prominentes, unas jóvenes, otras más mayores y sin barriga... Cuando salió el número, me levanté y justo al levantarme, le pregunté:
- ¿Vas a entrar conmigo? - me respondió que no con la cabeza.
Estaba muy ocupado con el teléfono.
En la consulta el médico, me hizo una ecografía, pero no se vio nada. Me enseñó la pantalla gris, toda entera del mismo color:
- No hay nada - Señaló la pantalla - por aquí tendría que haber algo y no sale nada.
Mi cabeza me dijo "Te lo dije, se ha ido..."
Me vestí de cintura para abajo, despacio, porque no podía ir más rápido o iba rápido, el tiempo en esta parte pasaba como despacio.
"Ya no había nada." recordaba la pantalla gris.
Me senté en la mesa.
- Te vamos a hacer un análisis para ver que la hormona baja, y que no es un embarazo ectópico, que todo va bien.. - iba hablando.
- ¿Es culpa mía? Tengo una edad...
- No, no.. hay parejas ahí fuera que estan llevando el embarazo a término y son hasta mayores que tú. No podemos saber. La primera vez pasa, si vuelve a pasar .. entonces miraremos qué puede estar pasando.
El doctor me miraba raro. Mi pareja no estaba a mi lado.
Salí de allí con un papel en la mano para hacerme un análisis. Tenía que ir a urgencias, una vez allí me hicieron esperar por donde entran las embarazadas a parir.
Bajamos, yo y el ente a mi lado. Esperé un rato sentada en un pasillo donde las embarazadas que ya iban a dar a luz desfilaron delante de mi, y lo único que pensaba era:
"No tienes derecho a llorar, no tienes ni barriga"
Pasaban las chicas, los chicos detrás con la bolsa al hombro, cuando a mi me llamaron para hacerme el análisis en la sala del paritorio. Aquello era una habitación con una camilla de esas en que te hacen la citología, que tenía los estribos para colocar las piernas. Me senté en un banco que había al lado de la camilla, y una enfermera me cogió la muestra de sangre mientras oía quejidos y algún grito. Pasé mi aborto al lado de chicas que estaban trayendo al mundo a sus hijos vivos, totalmente formados, y les iban a ver la cara, pero yo no tenía ni barriga.
¿Porqué no está separado embarazos a término, de abortos, mujeres que tienen que parir a sus hijos muertos de muerte súbita al final del embarazo, al lado de otras que van a oir llorar por primera vez a su hijo?
No tenía a nadie, estaba sola. Mi ex, a mi lado, estaba ensimismado con el teléfono y no dijo, ni hizo nada en ningún momento.
Ya en la consulta unos minutos después, la doctora me dio instrucciones con lo que debía y lo que no debía hacer, con lo que iba más o menos a sucederme.
- No hagas baños de inmersión, ni uses tampax, ni copas.. solo compresas. .... -escuchaba
Esta parte la recuerdo como una película de mi propia vida, como si hubiese estado fuera de mi cuerpo viendo qué pasaba.
- La semana que viene el próximo .... - miró calendario y día - Jueves. vienes y te haremos otro análisis de control.
Probablemente fue porque era la mutua, pero me sorprendió que me volvieran a citar y a hacerme otro análisis. Creo que no sentí nada, no recuerdo que sentía, era como ver la tele algo que no estás ahí realmente. Todo volvía a estar como antes.
¿Como antes de qué? No entendía nada, solo empecé a pensar:
"Si ha pasado una vez, puede volver a pasar. Eso es que se puede"
Supongo que intentaba eliminar el sentimiento de culpa por ser una madre añosa, por no servir para gestar, por ser defectuosa aplicando alguna lógica que me diera esperanza y me evitara llorar. Dani no me iba a consolar, ni estaba prestando atención a lo que pasaba. Aquella tarde supe también que no debía de intentar tener un hijo con ese ente, que no ser preocuparía, que no iba a hacer ningún cambio ni a tener en cuenta a un hijo suyo para hacer su vida, pero lo primero era dejar de castigarme. Decidí también que volvería a tomar precauciones en cuanto pudiera.
No lloré, con lo llorona que soy. No lloré nada, en aquel momento.
No lloré nada, pero años después y por otra cosa, salió y lloré. Lloré por lo que no había llorado aquel día, por no tener nunca más oportunidad.
No supe reaccionar a aquella situación, estaba fuera de mi en modo supervivencia no era el momento de pararse a llorar había que salir de ahí. Tenía tantas cosas encima que no podía, aún no había asimilado el embarazo, lo estaba haciendo cuando se deshizo. Me lo estaba empezando a creer y se deshizo. La situación con mi ex, que no mostró interés en el tema, era insostenible:
- Habíamos vendido nuestra casa, no teníamos donde ir y parecía no importarle. El panorama era de que no íbamos a tener hogar a corto plazo.
- Mi ex me trataba mal;
- Mis padres no sabían que habíamos vendido la casa, ni el resto y no me atrevía a hablar.
- No quería irme a una urbanización; bajo ningún concepto, no quería otra casa, quería mi casa; no quería irme de mi casa...
Llevaba aguantando malostratos tanto tiempo que no sabía quien era yo, qué estaba haciendo, ni cómo iba a salir de ese atolladero sin tener mi piso para marcharme y dejarlo. Mi piso, que había vendido por culpa de ese señor, por sus presiones y maltrato.
Estaba en un atolladero gordo, buscando salida.
Pasó, pasaron muchas cosas... y yo pasé a otra cosa sin llorar.
Si alguna vez no lloráis por algo, o no os enfadáis, tener en cuenta que eso está ahí, con el tiempo macera, crece y revienta. Sácalo.
Comentarios
Publicar un comentario